jueves, 24 de mayo de 2007

Mejor no creer

Hace algunos años,un amigo, sufrió un accidente terrible del que salió ileso milagrosamente (perdón no quise decir eso). Resulta que, mi amigo, tenía una profunda crisis. Llevaba años pensando que toda su vida la había dilapidado en un ir venir de estudios, lecturas y ociosidad. Decidido a romper con su vida intrascendente busco ayuda en su parroquia de toda la vida (aquella que dejó de pisar después de la primera comunión) y se apuntó a unos ejercicios espirituales que se organizaban ese mismo fin de semana en un monasterio de la montaña. Cogió ese autobús junto a sus nuevos compañer@s y en una de las miles de curvas cerradas que hay en esos recios caminos de sierra, en un día caluroso, sin nubes, ni tormentas, sin temblores de tierra, ni ninguna razón aparente... cayó una enorme y silenciosa piedra que aplastó una parte del vehículo. Él estaba en la otra. Durante muchos años no alcanzó a comprender por que se salvo. Si era un descreído ¿Por qué Dios lo había ayudado? ¿Por qué había hecho ese milagro? (otra vez la palabra). Hasta que en uno de esas coleciones de cuentos que regalan en el tren (había decidido no volver a pasar por una carretera) encontró estas palabras: La fe y las montañas. Augusto Monterroso (Micro-cuento) - El Cajón deSastre y recordó que, en su cabeza, nunca había dejado de habitar la duda.

miércoles, 23 de mayo de 2007

Yo soy Gines de Pasamonte.

Yo soy Gines de Pasamonte (Ginés de Pasamonte), no ese que fue galeote y que además, muy habilmente, robo el rucio de Sancho. Tampoco el que disfrazado de "titerero" logro burlarse de ese ingenuo loco de D. Quijote y su palurdo criado (Capítulo XXVII: Donde se da cuenta quienes eran maese Pedro y su mono, con el mal suceso que don Quijote tuvo en la aventura del rebuzno, que no la acabó como él quisiera y como lo tenía pensado). En realidad soy su descendiente, su tataranieto o su tatataranieto, provengo de una estirpe de ladrones famosos que no voy a enumerar. Todos estamos caracterizados por nuestra crueldad y sobre todo por robar todo aquello que se ponga por delante de nuestras narices, sin importarnos como. Lo único que descubrí de ese primer Gines de Pasamonte fue que, por venganza, escribió un segundo Quijote ( CERVANTES Y PASAMONTE: LA IMITACIÓN CERVANTINA ) llamado de Avellaneda (siempre hemos sido muy habiles para escondernos en otras personalidades). Ahora soy un simple ladrón, un canalla, sin nada de literario y me llaman "el solitario" (El atracador más buscado de España asalta otro banco en un pueblo de la Sierra de Madrid. lasprovincias.es)