lunes, 26 de enero de 2009

Diario de Julia 1º.

Este es un texto que publiqué en el periódico del colegio de mi hija mayor cuando tenía, creo, que cuatro años. Cuenta un poco la experiencia inolvidable, aunque después de leerla me he dado cuenta que se me olvidaron algunas cosas, de tener un hijo. Es una historia antigua, pero, creo, que bonita. Espero que la disfrutéis. Por cierto la cuenta mi hija en su diario, yo se la robé.



MIS PAPAS.


"Recuerdo aún cuando conocí a mis padres, yo todavía estaba saliendo de dentro de mi mamá cuando los oí. Primero vi a una señora rubia con una bata blanca que le hablaba a otra. Le decía algo así como que ella también quería arroz. Eran las tres y media, supongo que tendría hambre. El caso es que me saco la cabeza, me giro y en ese momento vi a mi padre y detrás de una barriga enorme vi los ojos de mi madre. ¡Madre mía, que cara de tonto tiene mi padre! Y mi madre ¡Cómo sudaba! ¿Estaría enferma?. La pobre tenía una cara de angustia… El caso es que estuve bastante rato con la cabeza fuera y el cuerpo dentro, parece ser que la señora de blanco tenía más ganas de conversación que de ir a comer. Mis padres me llamaban, pero yo no podía saludar porque tenía los brazos dentro, así que debieron pensar que era una maleducada. Al final alguien avisó que la paella estaba lista y la señora de blanco, que se llamaba Matrona (la pobre que nombre más feo le pusieron sus padres) me saco entera, no le gustaba el arroz frío.

Y ahí fue donde pase el peor momento de mi vida, la tal matrona (cómo pudieron hacerle eso sus padres) sacó unas tijeras enormes y se dispuso a cortar una cuerda que me unía a mi madre, como se atrevía. La impresión fue tan grande que, aún después de hacerme un nudo con lo que le sobraba del cordón y dejármelo como un chorizo colgando de mi barriguita, no lloré. Esto a mi padre, que seguía con la cara de tonto, no le debió de gustar porque le dijo a la señora de blanco (no le diré más matrona, la pobre no se lo merece): " Pero si no llora". A lo que le respondieron: "Ni falta que hace, pero si quiere que llore, le pego un azote". Mal empezamos.

El caso es que después me lavaron me asearon y en un instante me presentaron a mis yayos y a mi abuela no sé si en ese momento los vi a todos con un mismo aire familiar o es que todos tenían la misma cara de tontos. Estuve unos días en el hospital, allí comenzaron los primeros problemas de comunicación entre mis padres y yo. Parece mentira como algo tan evidente como que tengo hambre o que tengo gases puede liarse tanto. Más claro no se lo podía decir, ni más fuerte. Pero ninguno de los dos acertaba con lo que quería, que si estaba enferma, que si no tendrá algún problema, que si… Ninguno acertaba. Pero quizás peor fue cuando llegue a mi casa. Por un momento pensé que todo el mundo era rosa, mi ropa rosa, mi cama rosa, mis pañales rosa, los muñecos rosas, las puntillas rosas, todo rosa, empezaba a pensar que mis padres también eran rosas. Hasta que conocí a mi primo, que tenía un mes más que yo y bastantes más kilos. Mi primo era azul, y sus padres yo creo que también."

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